Corregir exámenes durante años enseña algo incómodo: una parte enorme de los puntos no se pierde por no saber, sino por fallos evitables que se repiten de forma casi idéntica en alumnos distintos, cursos distintos y temas distintos. Esta es la lista de los diez más frecuentes, con el antídoto de cada uno. Ninguno se arregla “teniendo más cuidado”: se arreglan con hábitos concretos.
La lista
- Los signos al cambiar términos de lado. El clásico entre los clásicos al despejar ecuaciones. Antídoto: escribir el paso intermedio siempre, aunque parezca de principiante. Los signos se pierden en los pasos que se hacen de cabeza.
- La prioridad de operaciones. Multiplicaciones que se suman antes de tiempo y paréntesis que desaparecen. Antídoto: ante la duda, poner paréntesis de más; sobran gratis, faltan caro.
- Las fracciones. Simplificar tachando lo que no se puede tachar o sumar numeradores y denominadores entre sí. Antídoto: repasar operaciones con fracciones al empezar cada curso, sea el curso que sea. Es la laguna más rentable de cerrar.
- Despejar mal una incógnita. Dividir solo una parte de la ecuación o pasar un factor que estaba sumando. Antídoto: comprobar el despeje sustituyendo con números sencillos cuando haya duda.
- No responder a lo que pide el enunciado. Cálculo perfecto de la incógnita equivocada. Antídoto: subrayar en el enunciado qué se pide exactamente y, al terminar, releerlo y comprobar que la respuesta responde a eso.
- Las unidades en Física. Mezclar kilómetros por hora con metros por segundo, gramos con kilos, o entregar un resultado sin unidades. Antídoto: convertir todo al Sistema Internacional antes de operar, y no después.
- La calculadora usada a ciegas. Notación científica mal introducida, modo de ángulos equivocado, paréntesis omitidos al teclear. Antídoto: estimar mentalmente el orden de magnitud antes de teclear; si la calculadora dice otra cosa, algo se ha tecleado mal.
- Calcular sobre una reacción sin ajustar. En Química, hacer estequiometría con una ecuación sin ajustar invalida todo lo que viene después. Antídoto: ajustar es siempre el paso cero, antes de tocar un solo mol.
- No preguntarse si el resultado es razonable. Un coche a cuatro millones de metros por segundo o una probabilidad de 3,2. Antídoto: dedicar diez segundos por ejercicio a la pregunta
“¿esto puede ser?”. Detecta una cantidad sorprendente de errores. - Dejar en blanco lo que se sabe a medias. Plantear bien un ejercicio puntúa aunque no se llegue al final; el blanco puntúa cero seguro. Antídoto: escribir siempre el planteamiento, los datos y el primer paso. Nunca entregar un ejercicio vacío.
El hábito que los tapa casi todos
Reservar los últimos cinco minutos del examen para repasar con una lista propia de tres o cuatro puntos: signos, unidades, qué pedía cada enunciado y si los resultados son razonables. Cada alumno tiene sus fallos favoritos; la lista se construye con el historial de los propios exámenes, y por eso funciona mejor que cualquier consejo genérico.
Somos Futuro es una academia de Matemáticas, Física y Química en Sa Cabaneta (Marratxí).

